sábado, 4 de abril de 2009

CONCIERTO: Mtro. Rivero Weber al piano.

Compartimos este sencillo momento que la cámara captó al finalizar el Concierto Décimo Séptimo en sol mayor para piano y orquesta, Koechel 453 de Wolfang Amadeus Mozart, cuyo solista ejecutante al piano fue el Mtro. Gustavo Rivero Weber. Dicho concierto correspondiente a la Primera Temporada 2009 se ejecutó el 13 de febrero de 2009 en la Ciudad de Xalapa, Veracruz, con la tradicional Orquesta Sinfónica de Xalapa bajo la dirección del Mtro. Fernando Lozano.
Transcribimos el contenido del programa esperando disfruten este encore*.
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*'ENCORE' significa "repetición", se le denomina así cuando el artista una vez finalizada su actuación, se despide, sale del escenario y ante la lluvia de aplausos y los gritos de "otra, otra, otra..." ejecuta alguna pieza ya sea espontánea o de su repertorio. Esto remite a dos motivos probables:
a) El artista es excelente, pero ha dejado a su público insatisfecho.
b) La actuación ha sido memorable y el auditorio casi alcanzó el éxtasis contemplativo, así que le ruegan al artista por otros minutos más de aprecio a su arte.
En Xalapa ya se ha vuelto costumbre el encore al finalizar el concierto, pues un buen sector de la sociedad xalapeña es melómana de afición y disfruta sobremanera las ejecuciones artísticas.

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Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791)

Décimo Séptimo Concierto para Piano y Orquesta

"... Se ha dicho que, para tratar de dar seguimiento a la carrera de Wolfang Amadeus Mozart mediante un solo tipo de composición, habríamos de iniciar con los conciertos para piano. El primero fue escrito cuando el compositor era un niño de once años; el último, apenas un año antes de su muerte.

Se trata de una amplísima gama estilística en la que Mozart parte desde las influencias del barroco hasta lograr la prefiguración apasionada y enérgica del estilo romanticista que habrían de cultivar Beethoven y quienes le siguieron. El proceso hacia la madurez en Mozart marcha de la mano con sus conciertos para piano y orquesta, del mismo modo que la fascinación del compositor por el instrumento resultó paralela al interés en Europa por el piano.

Al abandonar su nativa Salzburgo y establecerse en Viena, en el verano de 1781, dio inicio a una década de creatividad en la que habría de producir nada menos que diecisiete conciertos para piano y orquesta, todos los cuales se enumeran entre lo mejor de la producción histórica. Tan sólo en el año de 1784 Mozart produjo la sorprendente cantidad de seis conciertos para piano y orquesta, todos generados mientras trabajaba en obras de música de cámara y en su ópera Las bodas de Fígaro.

A diferencia de muchos de sus colegas, Mozart no acostumbraba repetirse a sí mismo. Una vez que encontraba algún procedimiento novedoso, lo trabajaba hasta llevarlo a los límites de la perfección, antes de lanzarse a la búsqueda de nuevas formas. En este sentido, el Concierto número 17 también resulta ejemplar.

Escrito en el año de 1784 en la ciudad de Viena, con miras a dedicarlo a su discìpula Bárbara Ployer, la obra parece concebida con la intención de tratar de hacer justicia a las dotes extraordinarias de esta joven painista. Y el asunto no era para menos, ya que a Ployer también había dedicado Franz Joseph Haydn otra obra, las Variaciones en fa menor para piano, lo cual nos aporta la idea de los considerables alcances de la joven.

En 1784 el compositor desplegaba una enorme actividad para los "conciertos de suscripción"; aquellas audiciones organizadas por las "academias", que no eran otra cosa que las asociaciones de melómanos que trataban de sacar la creatividad musical de las cortes. Mediante conciertos públicos, permitían el acceso a todo aquel aficinado que pudiese pagar su entrada. Mozart había encontrado en aquellas academicas un valioso recurso para hacerse de algunos ingresos monetarios.

Los analistas observan con interés no sólo la formación instrumental que Mozart empleó para su Concierto 17, sino la enorme riqueza de ideas en la escritura para la sección de maderas en la que, por cierto, aún no hacen acto de presencia los clarinetes.

Escrito en los habituales tres movimientos, la obra inicia de la misma forma como Mozart presenta varios de sus conciertos: con un allegro de carácter marcial y un hermoso tema presentado por las cuerdas, que a continuación toma la orquesta en pleno. Un puente a cargo del fagot permite la exposición de un pasaje que nos conduce al segundo tema orquestal, previo a la presencia del solista. Una vez que el piano aparece, somos testigos de un ingenioso juego de timbres en que las maderas ocupan un lugar elemental. La inigualable destreza de Mozart para la escritura destinada a los alientos les conduce a ser más que simples aocmpañantes, para pasar al protagonismo - en especial, la flauta - de un animado diálogo con el instrumento solista. La cadenza que antecede a la coda final no es muy extensa y se basa en los temas presentados por el piano mismo.

El Andante contiene otro pasaje destinado a las maderas, que recrean una atmósfera casi bucólica y de enorme placidez. Hacia el tercer movimiento, el compositor nos presenta un tema con variaciones, en otra ejemplificación de su inagotable inventiva.

El Decimoséptimo concierto cautiva por sus contrastes dinámicos y el perfecto ensamblaje orquestal y solístico. Muy lejano había quedado el viejo pianeforte de los inicios del niño Mozart, con su timbre débil y apagado. Venía ahora el manejo del genio sobre el sonido poderoso del piano, medio ideal para la expresividad romanticista que Mozart anticipó con sus imponentes y estructuralmente perfectas partituras..."

Texto transcrito del Programa 1 Mozart // Beethoven.80 Aniversario Orquesta Sinfónica de XalapaTemporada 2009